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ALERTA RedUNE de Nuevas Terapias y Fraudes Sanitarios

ALERTA RedUNE de Nuevas Terapias y Fraudes Sanitarios


PSEUDOTERAPIAS A DEBATE POLÍTICO EN EL CONGRESO DE DIPUTADOS

Publicado por red-alerta-nuevas-terapias activado 20 Septiembre 2017, 09:34am

El Observatorio de la OMC contra las Pseudoterapias , Pseudociencias, Intrusismo y Sectas Sanitarias , se pone a disposición de la propia Comisión de Sanidad y desea efectuar las siguientes reflexiones: 
 
Vivimos en una sociedad en la que gracias a los avances científicos hemos avanzado notablemente en el tratamiento y alivio de las numerosas enfermedades que aquejan al ser humano. Las pseudoterapias, ofrecidas por sanitarios y no sanitarios, constituyen una oferta terapéutica sin el apoyo científico necesario para avalar su validez ni utilidad. El impacto real sobre la sociedad es afortunadamente pequeño pero debe ser conocido y analizado para prevenir su extensión. Las pseudoterapias utilizan terminología y explicaciones que parecen científicas, pero las numerosas evaluaciones independientes realizadas han demostrado que no son útiles para ninguno de los problemas de salud estudiados más allá del efecto placebo. Las pseudoterapias utilizan diversos mecanismos para tener una apariencia de eficacia: la evolución natural de la enfermedad, la regresión a la media, la inducción de mecanismos propios del efecto placebo, entre otros; hacen creer a algunos pacientes una relación causa-efecto entre las pseudoterapias y la percepción de mejoría. Ningún sanitario debe ofrecer pseudoterapias en su práctica clínica. La sociedad espera de sus profesionales un abordaje científico de los problemas de salud para encontrar la mejor solución a los mismos. La manipulación cognitiva de las personas vulnerables, ofreciéndoles remedios basados en creencias y simulaciones de tratamientos, debe ser rechazada.
 
La profesión médica ha respondido con contundencia ante este tipo de malas prácticas pero también han de hacerlo desde otras profesiones y desde la Administración central y autonómica, que disponen de legislación suficiente para actuar contra las mismas, ya que son absolutamente detestables y perjudiciales para la salud y están en manos de charlatanes, intrusos y hasta de algún médico y sanitario. 
 
Por ello, el primer paso de la Organización Médica Colegial (OMC) ha sido la creación de un Observatorio que recoge un análisis, ciertamente interpretativo, de las 139 terapias y técnicas no convencionales, referenciadas prácticamente todas en un documento del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad desde 2011.
 
Entre las pseudoterapias más peligrosas que recoge este documento están todas aquellas que tienen que ver con el ámbito de la denominada nueva medicina germánica, un método creado por Ryke Geerd Hamer, y las dos variantes de la biodescodificación y la bioneuroemoción, con muchos discípulos en España, que engañan a la gente con falsas esperanzas de curación de todo tipo de enfermedades, desde el cáncer a la malaria, el sida o el autismo. También incluye a  personajes muy conocidos que practican con total impunidad el intrusismo sanitario y el lucro, aprovechándose de la debilidad de los pacientes, y que venden productos prohibidos en España como el Clorito sódico – MMS- lejía de uso industrial diluida al 28% - con el falso mensaje de curación del cáncer y otros procesos graves. 
 
La difusión y venta del Clorito sódico – MMS- lejía de uso industrial diluida al 28%, está prohibida en España desde el año 2010 por la Agencia Española de Medicamentos y productos sanitarios ( AEMPS ).
 
Las Administraciones Públicas, las Consejerías de Sanidad, los ayuntamientos y, por supuesto, los colegios oficiales de médicos y los restantes colegios de las profesiones sanitarias y de otras profesiones afines, las sociedades científicas, las asociaciones de pacientes y afectados, los medios de comunicación y sin duda nuestros representantes políticos, tienen una gran responsabilidad en denunciar e intentar terminar con todo éste universo oscuro y perjudicial, para lo cual es esencial acabar con el desconocimiento y la desinformación que existe sobre estas prácticas.
 
Pero es muy importante que las Administraciones Sanitarias central y autonómicas cumplan con lo ya legislado y adecuen una nueva legislación a los nuevos charlatanes de todo tipo y condición e intrusos, impidiendo que realicen lo que después de dos décadas se sigue produciendo, esto es, engaño y falsas expectativas ante pacientes en situación de extrema vulnerabilidad y desesperación, con un fin puramente lucrativo y sin ningún tipo de escrúpulos.
 
En efecto, la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, ordena que las Administraciones públicas, en el ámbito de sus competencias, realicen «un control de la publicidad y propaganda comerciales para que se ajusten a criterios de veracidad en lo que atañe a la salud y para limitar todo aquello que puede constituir un perjuicio para la misma» (artículo 27). Asimismo prevé la inspección y control de la promoción y publicidad de los centros y establecimientos sanitarios (artículo 30.1), la autorización previa de la publicidad de los medicamentos y productos sanitarios (artículo 102) y encomienda «a la Administración sanitaria del Estado valorar la seguridad, eficacia y eficiencia de las tecnologías relevantes para la salud y la asistencia sanitaria» (artículo 110).
 
Y el Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, sobre publicidad y promoción comercial de productos, actividades o servicios con pretendida finalidad sanitaria, en su artículo 1 dispone: “Las Autoridades sanitarias y demás órganos competentes en cada caso, de acuerdo con el artículo 27 de la Ley General de Sanidad, las disposiciones especiales aplicables en cada caso y lo establecido en este Real Decreto, controlarán la publicidad y promoción comercial de los productos, materiales, sustancias, energías o métodos que se anuncian o presentan como útiles para el diagnóstico, prevención o tratamiento de enfermedades o desarrollos fisiológicos, adelgazamiento, modificación del estado físico o psicológico, restauración, corrección o modificación de funciones orgánicas u otras pretendidas finalidades sanitarias, para que se ajusten a criterios de veracidad en lo que atañe a la salud y para limitar todo aquello que pueda constituir un perjuicio para la misma”. 
 
El Observatorio de la OMC es una excelente herramienta para que este tipo de personajes no engañen a los enfermos con sus títulos; con sus actuaciones falaces disfrazadas de ciencia; con absurdos lógicos,  o con simulaciones de tratamiento efectivo con supuestos medicamentos. Está a disposición de quien quiera acceder a él entrando en la página web: http://www.cgcom.es/observatorio-omc-contra-las-pseudociencias-intrusism...
 
Y, por supuesto a disposición y para colaborar en coordinación con los colegios médicos y otros colegios sanitarios, consejerías de sanidad, administraciones públicas y grupos parlamentarios, comisión de sanidad y Ministerios del ramo.
 

PODEMOS RESPECTO   A  LAS PSEUDOTERAPIAS

Vivimos en una sociedad altamente tecnificada. Los productos de la ciencia moderna se encuentran integrados en nuestra rutina diaria hasta tal extremo que, a menudo, no somos conscientes de ello. Los grandes beneficios que ha traído el progreso científico a nuestras sociedades han venido acompañados también de incertidumbres. Defender la ciencia hoy no pasa tanto por glosar y defender los primeros como por encontrar formas democráticas y consensuadas de enfrentar las segundas. Para ello debemos, por una parte, aumentar la cultura científica de la sociedad mediante planes de acción en el largo plazo. Por otra parte, debemos incentivar la creación de espacios de deliberación ciudadana que, solo desde la reflexión profunda y la información contrastada, asuman que las decisiones científicas son algo que incumbe a toda la ciudadanía y que es irresponsable dejarlo únicamente en manos de expertos y políticos.

La ciencia vive hoy bajo una doble amenaza. La primera es que la distancia que la separa de la población es a veces tan grande que busca en otros lugares formas de conocimiento que sean más accesibles y amables, en forma de las pseudociencias y las pseudomedicinas. La segunda amenaza es la conversión de la ciencia en un mercado, proceso que se inicia tras la Segunda Guerra Mundial, y que está generando un reguero de malas prácticas que desprestigian a toda la ciencia cuando se hacen públicas. La ciencia no es un mercado, y los intentos de la política neoliberal por convertirla en un producto más de sus juegos financieros pueden acabar de forma desastrosa para toda nuestra sociedad. Defender la ciencia, hoy, es enfrentarse a esta doble tenaza.

Este peligro resulta especialmente grave en el caso de las pseudoterapias, que se aprovechan del sufrimiento de los enfermos y cuidadores, así como de la necesidad de tener una esperanza en situaciones límite. Aquí cabe, sin embargo, señalar una diferencia fundamental entre lo que es la enfermedad y su tratamiento y lo que es la experiencia por parte del paciente de su enfermedad. Mientras que la primera sería un elemento objetivo y medible, la segunda es subjetiva y escapa a toda medición. Además, no necesariamente existe una correlación entre la una y la otra: se puede mejorar de la enfermedad, pero la experiencia del paciente puede ser de total abandono y depresión. Esta experiencia, y no el avance objetivo de la enfermedad, es la causa que nos empuja a buscar el consuelo de las pseudoterapias. Los pacientes no buscan tanto una píldora milagrosa como la atención que muchas veces el médico del Sistema Público Nacional de Salud no puede proporcionarle.

Desde el Área de Políticas Científicas e I+D+i del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos expresamos nuestra total oposición al empleo de terapias cuya validez no ha sido testada científicamente, y nos oponemos rotundamente a su financiación por parte del Estado. Pero también creemos que el actual auge de las pseudociencias en general, y de la pseudoterapias en el campo de la salud en particular, se debe, principalmente, a una demanda insatisfecha de los pacientes y sus familias, que reclaman al médico que no sólo trate su enfermedad, sino también que cuide de su experiencia de la misma. Por eso también defendemos la inclusión de elementos de las humanidades médicas en la formación y en la práctica de la profesión, en la tradición más ilustrada de la medicina. Debemos promover el uso de la medicina narrativa y de la escucha atenta, el cuidado respecto a la excesiva medicalización, el seguimiento individualizado de los pacientes, sobre todo de aquellos especialmente vulnerables (ancianos, niños, etc.)… Todo ello está resumido bajo la etiqueta de «humanización de la medicina», un proceso en el que nuestras Universidades públicas deben desempeñar un papel fundamental. Obviamente, esta formación debe ir acompañada del correspondiente aumento de financiación del Sistema Público Nacional de Salud. Una asistencia de calidad es imposible con unos ratios médico/paciente en atención primaria que no han hecho más que empeorar en los últimos años.

Como consecuencia de las anteriores reflexiones, desde el área de Políticas Científicas e I+D+i exponemos lo siguiente:

  1. Reivindicamos el papel fundamental del progreso científico y tecnológico en el bienestar de la población en las sociedades modernas.

  2. Reconocemos la responsabilidad de los poderes públicos en la promoción de la cultura científica y la información veraz. Resulta imprescindible para que la ciudadanía pueda defenderse de los bulos y las estafas, así como tomar decisiones con el mejor de los criterios posibles.

  3. Asimismo, reconocemos que corresponde a las autoridades atajar la difusión de determinadas desinformaciones, como en los casos de publicidad engañosa, el uso de espacios públicos por parte de quienes promocionan sus pseudoterapias o la legitimación que, en ocasiones, buscan estas pseudociencias tratando de incorporarse a la oferta formativa de nuestras universidades públicas.

  4. Es particularmente importante velar por el imprescindible bien social que supone nuestro Sistema Público Nacional de Salud. Apostar por su calidad implica apostar por aquellos tratamientos basados en la evidencia y rechazar a aquellos que no han demostrado su eficacia mediante criterios científicos. Pero también se debe apostar por incrementar su capacidad de atender las necesidades subjetivas de los pacientes, en un proceso de “humanización de la medicina”. Esto debe ir acompañado, de forma inevitable, por una mejora de la financiación de la Sanidad Pública, especialmente en atención primaria.

  5. No puede olvidarse que los avances científicos y técnicos también plantean desafíos y, en ocasiones, conllevan consecuencias indeseadas. La solución en este caso pasa por utilizar la política como una herramienta que posibilite que los beneficios de la ciencia alcancen a toda la sociedad, de modo que no existan perdedores como consecuencias del desarrollo tecnológico.

  6. Finalmente, para lograr los objetivos anteriores, apostamos por un sistema de investigación público fuerte, con una financiación apropiada, una administración eficaz y cuyos frutos redunden en beneficio de todo el pueblo.

9 de septiembre de 2017
Área de Políticas Científicas e I+D+i de Podemos

 

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